Hace unos días leí la noticia de una familia que enfrenta una costosa demanda, porque su hijo “arruinó” el bolso de una señora. No es que el pequeño entrara en una racha de vandalismo, sino que viajaba con su familia en avión y, como les sucede a muchas personas, de todas las edades, comenzó a sentirse mal y vomitó… sí, justo en el costosísimo bolso de la señora que iba a su lado.

Creo que ante situaciones como estas hay que mostrar un poco de comprensión, además de no elegir las mejores galas para subirse al avión; pues, reitero, algo así podría pasarle a cualquiera. No obstante, para que tú y tu familia no se vean en predicamentos semejantes la próxima vez que tomen un vuelo VivaAerobus, Interjet o de la aerolínea que prefieran, te presentamos algunas recomendaciones para cuidar la salud de tus hijos al viajar.

Vigila su alimentación en los días previos al viaje

Sabemos que cuidas la alimentación de tus hijos en todo momento y siempre les das lo más saludable. Sin embargo, en los días previos a un viaje, hay que evitar los alimentos que pudieran ser irritantes o alterar su digestión. Si sabes que una comida en especial no suele caerles muy bien, olvídate de prepararla en esa temporada. De hecho, la recomendación puede extenderse a toda la familia. Recuerda que el prospecto de viajar causa emoción y también un poco de estrés, lo cual nos hace propensos a enfermedades como las estomacales.

Refuerza su sistema inmunológico

Las enfermedades de las vías respiratorias también son comunes durante un viaje. Algunas personas son muy sensibles al aire acondicionado de los aviones o autobuses, además de que las cabinas crean el ambiente perfecto para que circulen los virus. Consulta con el pediatra y pregunta qué vitaminas puedes darles a tus hijos para reforzar su sistema inmunológico. Otra buena idea es incrementar la cantidad de frutas y verduras en su dieta.

viajar2

Si lo consideras necesario, llévalos a una revisión médica

Si tus hijos se enferman cada vez que salen de viaje o tienen alguna condición médica, lo mejor será llevarlos a una consulta general antes de salir. En caso de que requieran algún medicamento, asegúrate de obtener y surtir su receta, y lleva el documento contigo, ya que en algunos controles de seguridad podrían requerirla para dejarte pasar los medicamentos.

Prepara un botiquín de viaje

Hay medicamentos que puedes llevar sin problemas, siempre y cuando sea en pequeñas cantidades. Entre ellos están los analgésicos y desinflamatorios más comunes, antidiarreicos y pastillas para el mareo. Inclúyelos en tu botiquín de viaje y guarda también una botellita con gel desinfectante, un poco de gasa o banditas adhesivas.

Adquiere un seguro de viaje

Además de los malestares más comunes, que puedes prevenir o calmar con facilidad, está la posibilidad de que durante el viaje se presente algún problema grave o un accidente. Estos imprevistos pueden costarte mucho más de lo que invertiste en tus vacaciones e incluso más de lo que puedes pagar, especialmente si estás en el extranjero. Para evitar mayores daños, adquiere un seguro de viajero. Hay pólizas especiales para familias; sólo revisa cuidadosamente la cobertura y lo que necesitas hacer para solicitar atención médica en caso necesario.

En el sector salud se requiere de muchos tipos de análisis, en los que se basan los médicos para determinar o rechazar una afección.

Existen diversos tipos de análisis clínicos que apoyan los diagnósticos, desde el tacto, muestras corporales como sangre, orina, excremento, saliva o biopsias, hasta llegar a estudios mucho más complejos, que utilizan complejas máquinas para su análisis.

Entre los análisis clínicos que han tenido un gran avance y son de uso frecuente para identificar ciertos padecimientos, se encuentran la resonancia magnética y la tomografía.

Ambas obtienen una imagen interna de nuestro cuerpo; sin embargo, utilizan técnicas diferentes para su obtención.

Esto implica también que tienen ciertas ventajas y desventajas entre sí, por ello es importante que solo el especialista sea quien tome la decisión de mandar hacer un estudio y sea también un especialista quien lo realice.

Veamos las diferencias entre ambas técnicas:

En una tomografía, la cual es computarizada, se utilizan Rayos X y su uso se orienta para detectar calcificaciones, tumores meníngeos y cierto tipo de hemorragias.

En general, estos aparatos tienen una menor resolución espacial y el proceso de exposición para el estudio es mucho menor, haciendo que el paciente esté menos expuesto a los rayos.

Con respecto a una resonancia magnética, su proceso se basa en el uso de campos magnéticos y ondas de radio.

Esto requiere un poco más de tiempo, por lo que el paciente necesita mantener una posición horizontal, de 30 minutos a una hora.

columnatotal2Este método tiene una mayor resolución espacial, por lo que es ideal para los estudios neurorradiológicos, que encabezan la lista del mayor porcentaje de pacientes a quienes se les solicita una resonancia magnética.

Le siguen en frecuencia de uso los estudios musculo-esqueléticos, debido a que permite valorar con gran nitidez la musculatura, articulaciones y tendones.

Lo anterior es precisamente porque esta técnica permite distinguir entre la materia gris y la blanca.

Esta técnica es una de las más inocuas y modernas, ya que como notaste, la resonancia magnética no utiliza rayos X ni elementos radiactivos, por lo que no tiene efectos nocivos para el cuerpo.

Lo que sí es importante destacar es que cuando un paciente se somete a un estudio de resonancia magnética, debe ser inspeccionado por el personal calificado, ya que no debe llevar ningún objeto metálico, como marcapasos, prótesis metálicas, reloj, gafas, etcétera.

Esto es sencillo de comprender, ya que los objetos metálicos pueden interferir con el potente imán utilizado por esta máquina.

Ahora bien, uno de los grandes inconvenientes de esta técnica es cuando el paciente presenta síntomas de claustrofobia o ansiedad, por lo que es importante decirlo previamente al personal que los apoya y a los técnicos para su debida atención.

Pues bien, ahí tienes las diferencias sustanciales entre estas dos técnicas de diagnóstico, que al final lo que nos entregan es una radiografía interna de nuestro cuerpo.