Mes: septiembre 2017

El no dormir lo suficiente puede aumentar el riesgo de lesiones accidentales y es la invitación de muchas enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades del corazón y depresión.

Sigue un horario regular de sueño, desarrolla una rutina relajante para dormir y crea un ambiente en tu dormitorio cómodo, oscuro, tranquilo y fresco.

Conseguir una buena noche de descanso puede ser difícil.

De hecho, será necesario que realices algunos cambios en tu estilo de vida. Es importante desarrollar hábitos que promueven la buena salud y eliminar aquellos que te mantienen despierto por la noche.

Veamos ahora cómo establecer una rutina de sueño.

Un horario de sueño consistente es una parte crítica del desarrollo de una buena higiene del sueño.

De acuerdo con la Clínica Mayo, cambiando frecuentemente las veces que te acuestas y despiertas confunde el reloj biológico de tu cuerpo.

Siguiendo un horario regular, incluso los fines de semana y días festivos, puede ayudarte a obtener el descanso que necesitas.

Tan solo observa a los niños cuando salen de vacaciones con respecto a los meses de clase, cuando no tienen un horario fijo para dormir o se les da cierta holgura, les cuesta mucho regresar a los hábitos anteriores cuando regresan a clases.

Es así que los niños tienen problemas al principio porque tienen sueño. Si por el contrario, todo el tiempo respetamos los horarios (de acostarse y levantarse) no existirá ningún problema con su descanso.

Para cumplir con un horario, hay que preparar tanto tu mente como tu cuerpo para el sueño mediante el desarrollo de una rutina relajante para acostarse.

La idea es comenzar alrededor del mismo tiempo cada noche. Por ejemplo, tomar un baño caliente, escuchar música relajante, leer un libro, o hacer otras actividades que te ayudan a relajarte.

Esto le indicará a tu cuerpo que la hora de acostarse está llegando y te ayudará a conciliar el sueño más rápido y fácilmente.

Durante este proceso, trata de separar tu dormitorio de otras facetas de tu vida que pueden causar estrés, tensión o estimulación.

Según la Fundación Nacional del Sueño, la presencia de dispositivos electrónicos como ordenadores portátiles y teléfonos celulares pueden hacer que sea más difícil quedarse dormido.

La luz azul de las brillantes pantallas electrónicas suprime la producción de melatonina, una hormona importante para el sueño.

Si tiendes a asociar tu cama con actividades distintas del sueño, eso también puede hacer que sea más difícil calmar tu mente y conseguir el descanso.

Por lo que te invito a que evites ver televisión, usar tu computadora o revisar tu teléfono en la cama.

También debes evitar trabajar, comer, o incluso tener una acalorada discusión con tu pareja en tu entorno de dormir.

Fortalecer la asociación entre tu cama y el sueño puede ayudarte a aclarar tu mente a la hora de acostarse, de hecho, el tamaño de la misma puede influir.

Si tienes un colchón individual y sientes que no te es suficiente, considera entonces en comprar uno más grande y acorde a tu biotipo. Verás que un simple cambio como este, puede ser de mucha ayuda.

Todos quieren que su primer hijo sea perfecto, tenga los genes ganadores del papá si es un varón y si es una niña que sea igual de hermosa que la mamá. Desean que venga sano, fuerte, grande, hermoso; pero no todas las familias corren con la misma suerte. Lo siento, sé que no es mi culpa, pero aún así no puedo dejar de sentir dolor por haberlos defraudado desde el primer segundo que llegué a este mundo.

Queridos padres, esta carta se las escribo desde la incomodidad del sótano, donde ustedes me han instalado un cuarto (o algo parecido, pues sólo tengo una cama, un baño y un televisor) para no dejarlos en ridículo ante la gente, que cuando me ve se asusta o se ríe de mí.

Mamá, sé que te hiciste tres ultrasonidos para disipar cualquier duda de que venía con malformaciones, pero para tu mala suerte y la mía, todos confirmaron mi condición. Estaba sano, pero había protuberancias en mi rostro, producto de algún gen ‘maldito’.

Cuando llegué a este mundo papá, decidiste hacer un viaje de trabajo, mientras mamá lloró al verme por primera vez, pero no de alegría, sino de tristeza por la forma de su primogénito, quien tenía bolas en la cara que cubrían su ojo derecho, otra sobresalía del pómulo izquierdo y una más de la cabeza. Además la boca estaba torcida. Lamento haberte asustado y defraudado.

La primera vez que me viste papá dijiste que ‘eso’ no podía ser tu hijo, que era imposible, que siempre quisiste un varoncito pero que no te referías a nacer pese a las complicaciones de mi condición. Estaba sano, sólo que no tan bonito como los bebés de tus amigos o compañeros de trabajo. No podías presumirme.

Sé que con mis ‘encantos’ provoqué temor, asco o burlas entre sus amistades y los hijos de éstas, por lo que decidieron ocultarme hasta que tuviera la capacidad de quedarme en mi propio cuarto, y fue ahí cuando me enviaron al sótano, donde pasaría mi adolescencia y mi juventud. Me sacaron a la escuela porque ya no querían que asustara a los niños, quienes me golpeaban porque me consideraban un monstruo. Ustedes creyeron que aún así era culpa mía, yo los incitaba a que me pegaran. Lo siento por eso también.

Nunca les pedí nada de cumpleaños, Navidad o cualquier otra celebración, hasta hace un año, que pedí tener una computadora con acceso a internet, a cambio les prometí que jamás intentaría salir. Ustedes accedieron y yo fui feliz entre la oscuridad y la información que me daba la máquina y que ustedes me habían negado al no volverme a inscribir a una.

Ahí pude conocer más sobre mi enfermedad, el por qué pude haber nacido así y si había otros casos. Descubrí que hay miles, quizá millones, de personas con mi enfermedad y que tienen una vida normal, pero no yo. También encontré que la gran mayoría de los casos se da porque la madre no tuvo los cuidados necesarios o estuvo en contacto con sustancias que afectan a un feto en desarrollo. Yo no te culpo, madre, sé que también fue mi culpa el no resistir a las sustancias y ser deforme.