Cuidar la salud durante un viaje familiar

La semana pasada tuve que hacer una reservación de emergencia en un hotel de Cancún centro. Podría pensarse que se trató de una “emergencia” bastante agradable, pero lo cierto es que no fue así. Aclaro que el hotel no estuvo nada mal; lo desalentador fue la razón por la cual tuve que hacer ese precipitado viaje.

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Mi hermano, junto con su esposa y su pequeño hijo, decidieron pasar unos días en este paradisíaco lugar, unas semanas antes de que iniciaran las fiestas decembrinas, pues como regalo navideño querían darle a su hijo la experiencia de conocer el mar, pero deseaban evitar las aglomeraciones y los elevados precios de las temporadas altas.

Todo iba de maravilla, pues eligieron el fin de semana posterior al último puente del año (el del 20 de noviembre, que en esta ocasión se pasó al 21); de esta forma, el hotel les tocó casi vacío, pues mucha gente había viajado el fin de semana anterior y la que no lo hizo, aguardaba las vacaciones de Navidad. Tenían la playa prácticamente para ellos solos y en los desayunos bufet o cuando pedían algo a la habitación, o en la alberca, los atendían como reyes, porque eran de los pocos huéspedes que se encontraban ahí.

Sin embargo, todo cambió el tercer día, cuando tuvieron que llevar a mi sobrino de emergencia a un hospital. El pequeño había probado un poco de camarones por primera vez y la experiencia culinaria no fue nada placentera, pues resultó alérgico al delicioso marisco. Afortunadamente, tanto los papás como el personal del hotel actuaron rápidamente y el asunto no pasó a mayores. Lo que sí vivieron mi hermano y mi cuñada fue un gran susto, al punto de que estaban emocionalmente agotados y me pidieron que los encontrara en el hospital, para acompañarlos mientras daban de alta a mi sobrino y luego, de regreso a casa.

Por supuesto que acudí y lo habría hecho con solo enterarme. Durante el vuelo me puse a pensar que percances de salud como ése podrían pasarle a cualquiera durante un viaje y que si no se tiene la capacidad de reaccionar a tiempo y controlar la situación, las cosas podrían terminar muy mal.

Hay enfermedades y accidentes que pueden prevenirse, mientras que otros nos toman por sorpresa. En cualquier caso, conviene que estemos preparados para enfrentar las emergencias, ya que esa preparación realmente salva vidas. Les comparto algunos tips para que se cuiden y cuiden a los suyos cuando viajen.

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Adquirir un seguro médico

Podemos pensar que es demasiado costoso y que si somos precavidos, nada pasará. No obstante, si algo sucede y requerimos atención médica de emergencia, las consecuencias y los costos pueden ser más graves y elevados. Contratar un seguro de viaje es una excelente medida preventiva, independientemente de cuál sea el destino. Pero si el viaje es al extranjero, tener un seguro es prácticamente obligatorio; de hecho, algunos países pueden exigirlo para dar el ingreso y, en cualquier caso, lo mejor es estar cubierto.

Tener los números de emergencia del lugar que se visita

De nueva cuenta, es algo que no creemos necesitar, hasta que la emergencia se presenta. Y entonces, podemos perder tiempo vital mientras investigamos. Basta con descargar alguna guía de viaje actualizada del lugar al que viajamos y guardar los números de emergencia más importantes.

Llevar un botiquín de viaje

Aun cuando no se tenga una emergencia médica, pasar las vacaciones con malestares menores, como un resfriado o una indigestión, puede ser realmente incómodo. Además, lo sencillo puede volverse grave si no nos cuidamos debidamente. Para atender malestares simples, como un mareo, un dolor de cabeza o el inicio de una gripe, conviene llevar un pequeño botiquín con algunos analgésicos, antihistamínicos, antidiarreicos y algunas gasas o banditas. Por supuesto que si tú o algún familiar padecen una enfermedad crónica, que requiera medicación constante, debes asegurarte de que llevas los medicamentos y la receta contigo.