La semana pasada fue la última clase de mis Diplomados para Médicos Generales 2016, unos cursos que tomo cada año para poner al día mis conocimientos, pues en esta profesión, actualizarse realmente es asunto de vida o muerte.

En esa última clase se habló de las enfermedades con mayor incidencia entre la población mexicana y como bien sabemos, la diabetes ocupa uno de los primeros lugares. Lo anterior se debe, entre otras cosas, al sobrepeso u obesidad que padecen millones de personas, debido a la mala alimentación y al sedentarismo.

Es lamentable que en un país con tanta riqueza alimentaria, como lo es México, y con una gastronomía de ingredientes tan variados y nutritivos, estemos abrumados por lo que ya prácticamente es una epidemia de sobrepeso. Y no sólo es que hayamos abandonado un poco nuestros guisos tradicionales en favor de la comida rápida de influencia estadounidense, sino que el exceso de trabajo no deja tiempo para preparar los alimentos en casa. De esta forma, el comer “chatarra” ya no es un capricho que nos concedemos de vez en cuando, sino algo de todos los días.

La falta de tiempo también nos ha hecho reincidir en el sedentarismo. Pasamos horas en el tráfico y ya sea que vayamos sentados en el coche, o sentados, de pie o como podamos acomodarnos en el transporte público, la constante es que estamos inmóviles. Buena parte de los empleos consisten en pasar varias horas más sentado, o de pie, en el lugar de trabajo. Y al final de la jornada, el camino de vuelta a casa es, más o menos, igual de inactivo.

Pero si bien es comprensible que nuestro actual ritmo de vida nos lleve a desarrollar dinámicas muy poco saludables, con esto no quiero decir que los malos hábitos sean inevitables y que la prevención de las enfermedades sea imposible. Todo lo contrario, con organización y esfuerzo lograremos darnos tiempo para cuidarnos, comer sanamente y ejercitarnos aunque sea un poco.

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En esta ocasión quiero referirme específicamente a lo que podemos hacer para cuidar nuestra salud en esta temporada de fiesta. Solemos bromear con la idea de que diciembre es el mes para darle gusto al cuerpo y al paladar en las fiestas de Navidad y Año Nuevo; total, ya en enero nos pondremos a dieta.

Sin embargo, no cuesta mucho el mantener los buenos hábitos durante el mes, sin dejar de darnos un gusto en los días festivos. Así la cuesta de enero no será tan difícil, por lo menos en lo que a la nutrición se refiere.

Aquí algunos consejos:

  • No abandones tu rutina de ejercicios y si no tienes una, aprovecha los días en que el trabajo se aligera para empezarla. Sí, salir a correr o a caminar en un día invernal no es lo que más se antoja, pero haz un esfuerzo; una vez que te acostumbres, no sentirás tanto el frío.
  • Lleva una dieta balanceada; incrementa el consumo de frutas y verduras con vitamina C y modérate con las grasas y azúcares al cocinar para las fiestas.
  • Balancea tus comidas del día; si sabes que en la comida o cena comerás más grasas o dulces de lo normal (lo cual sucede, sobre todo, cuando no eres tú quien prepara la comida), desayuna o almuerza con moderación. Y cuidado con la idea de no desayunar o comer, para darte un atracón durante las fiestas. Esto sólo provocará que comas en exceso, especialmente lo que se debe moderar (grasas, carbohidratos y azúcares). Mejor consume refrigerios ligeros, ricos en vitaminas, proteínas y fibra. Así no morirás de hambre y disfrutarás de la fiesta con moderación.
  • Modérate también con el consumo de alcohol. Ya sabemos que en estas fechas se incrementan los accidentes causados por conducir en estado de ebriedad. Pero ésta no es la única forma en que abusar del alcohol puede perjudicar tu salud. Entre otras cosas, el exceso de alcohol puede provocar obesidad, debido al exceso de azúcares.

La semana pasada tuve que hacer una reservación de emergencia en un hotel de Cancún centro. Podría pensarse que se trató de una “emergencia” bastante agradable, pero lo cierto es que no fue así. Aclaro que el hotel no estuvo nada mal; lo desalentador fue la razón por la cual tuve que hacer ese precipitado viaje.

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Mi hermano, junto con su esposa y su pequeño hijo, decidieron pasar unos días en este paradisíaco lugar, unas semanas antes de que iniciaran las fiestas decembrinas, pues como regalo navideño querían darle a su hijo la experiencia de conocer el mar, pero deseaban evitar las aglomeraciones y los elevados precios de las temporadas altas.

Todo iba de maravilla, pues eligieron el fin de semana posterior al último puente del año (el del 20 de noviembre, que en esta ocasión se pasó al 21); de esta forma, el hotel les tocó casi vacío, pues mucha gente había viajado el fin de semana anterior y la que no lo hizo, aguardaba las vacaciones de Navidad. Tenían la playa prácticamente para ellos solos y en los desayunos bufet o cuando pedían algo a la habitación, o en la alberca, los atendían como reyes, porque eran de los pocos huéspedes que se encontraban ahí.

Sin embargo, todo cambió el tercer día, cuando tuvieron que llevar a mi sobrino de emergencia a un hospital. El pequeño había probado un poco de camarones por primera vez y la experiencia culinaria no fue nada placentera, pues resultó alérgico al delicioso marisco. Afortunadamente, tanto los papás como el personal del hotel actuaron rápidamente y el asunto no pasó a mayores. Lo que sí vivieron mi hermano y mi cuñada fue un gran susto, al punto de que estaban emocionalmente agotados y me pidieron que los encontrara en el hospital, para acompañarlos mientras daban de alta a mi sobrino y luego, de regreso a casa.

Por supuesto que acudí y lo habría hecho con solo enterarme. Durante el vuelo me puse a pensar que percances de salud como ése podrían pasarle a cualquiera durante un viaje y que si no se tiene la capacidad de reaccionar a tiempo y controlar la situación, las cosas podrían terminar muy mal.

Hay enfermedades y accidentes que pueden prevenirse, mientras que otros nos toman por sorpresa. En cualquier caso, conviene que estemos preparados para enfrentar las emergencias, ya que esa preparación realmente salva vidas. Les comparto algunos tips para que se cuiden y cuiden a los suyos cuando viajen.

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Adquirir un seguro médico

Podemos pensar que es demasiado costoso y que si somos precavidos, nada pasará. No obstante, si algo sucede y requerimos atención médica de emergencia, las consecuencias y los costos pueden ser más graves y elevados. Contratar un seguro de viaje es una excelente medida preventiva, independientemente de cuál sea el destino. Pero si el viaje es al extranjero, tener un seguro es prácticamente obligatorio; de hecho, algunos países pueden exigirlo para dar el ingreso y, en cualquier caso, lo mejor es estar cubierto.

Tener los números de emergencia del lugar que se visita

De nueva cuenta, es algo que no creemos necesitar, hasta que la emergencia se presenta. Y entonces, podemos perder tiempo vital mientras investigamos. Basta con descargar alguna guía de viaje actualizada del lugar al que viajamos y guardar los números de emergencia más importantes.

Llevar un botiquín de viaje

Aun cuando no se tenga una emergencia médica, pasar las vacaciones con malestares menores, como un resfriado o una indigestión, puede ser realmente incómodo. Además, lo sencillo puede volverse grave si no nos cuidamos debidamente. Para atender malestares simples, como un mareo, un dolor de cabeza o el inicio de una gripe, conviene llevar un pequeño botiquín con algunos analgésicos, antihistamínicos, antidiarreicos y algunas gasas o banditas. Por supuesto que si tú o algún familiar padecen una enfermedad crónica, que requiera medicación constante, debes asegurarte de que llevas los medicamentos y la receta contigo.