Mes: diciembre 2016

Desde que comenzamos a planear la llegada de un hijo, una de las primeras cosas por las que nos preocupamos es la recámara del bebé. Además de la emoción que supone el comenzar a decorar un espacio exclusivo para él o ella, experimentamos también ciertas preocupaciones, pues lo más importante es garantizar que dicho espacio le brinde toda la protección y seguridad que necesita.

Lo anterior puede llevarnos a comprar toda clase de artículos que las tiendas nos presentan como indispensables para el cuarto del bebé, pero que al ponerlos a prueba resultan no ser prácticos ni útiles. En el extremo opuesto, hay quienes contienen sus planes más creativos, por temor a que las pinturas, materiales o artículos perjudiquen al bebé de alguna forma, y se contentan con un estilo minimalista, que a veces puede resultar un tanto frío.

Para que disfrutes de crear el ambiente que has soñado en el cuarto de tus hijos, sin saturarlo ni gastar en exceso, te presentamos nuestras recomendaciones para una recámara ideal, según la edad de los pequeños.

Recién nacidos

Al preparar la llegada del bebé a casa y durante los primeros meses, sí que conviene implementar un estilo minimalista, aunque sin prescindir por completo los detalles. Por minimalista, nos referimos a incluir únicamente los muebles y accesorios necesarios, como son la cuna, el armario para la ropa, una mesa para cambiar y vestir al bebé, un sillón cómodo, para que mamá o papá se sienten a cuidarlo, y un móvil, por ejemplo, para estimular sus sentidos.

No es recomendable colocar demasiados adornos y juguetes, porque además de que el bebé no podrá apreciarlos demasiado, acumularán polvo, que puede propiciar alergias. En lo que sí puedes esmerarte es en el decorado de las paredes, ya sea pintando algún paisaje o colocando cenefas decorativas. Sólo cuida que las pinturas estén libres de plomo y sustancias tóxicas y que todo quede listo de preferencia dos meses antes de la llegada del bebé, para que esté completamente seco y libre de olores.

Recuerda también que todos los accesorios que vayan a estar en contacto con el bebé, como sábanas, colchones, mantas y, por supuesto, su ropita, deben ser de telas naturales e hipoalergénicas.

Bebés de seis meses a dos años

Cuando los bebés comienzan a desarrollar e incrementar sus capacidades motrices –desde que comienzan a enderezarse hasta que gatean y dan sus primeros pasos-, es fundamental implementar medidas de seguridad. Esto va desde subir o cambiar los barandales de la cuna, hasta colocar protectores en todos los enchufes (tanto de la recámara del bebé como de toda la casa, pues no sabes hasta dónde podría llegar). También hay que cuidar que objetos pequeños, que pueda llevarse a la boca, estén fuera de su alcance.

En cuanto a muebles y accesorios, lo más conveniente es proporcionarle juguetes adecuados y seguros para su edad, que le ayuden a desarrollar sus sentidos y habilidades. También puedes pensar en un “corralito”, para que esté seguro y entretenido.

A partir de los tres años

Conforme tu hijo crezca y desarrolle su independencia, también podrá contribuir a la ambientación y el decorado de su espacio. A partir de los tres años necesitará una cama, un armario más grande para su ropa, una caja para sus juguetes y tal vez un pequeño escritorio y silla para que comience a dibujar. Más adelante puedes colocar un pequeño librero o estantería y lo que a tu hijo se le ocurra para sentirse más cómodo y seguro.

Para que la recámara sea un espacio dedicado al descanso, es conveniente que inculques ciertos hábitos en los niños desde que son pequeños. Por ejemplo, evita que se acostumbren a tener televisión o computadora en la recámara, pues además de que los distraen, dichos aparatos emiten energía aunque estén apagados y se ha demostrado que ésta interfiere con el sueño. Cuida que la iluminación sea suave; también puedes colocar una pequeña lámpara en la mesita de noche. La temperatura de la recámara no debe ser ni muy elevada ni muy baja y preferentemente, la habitación debe estar aislada de ruidos y luces provenientes del exterior.

La semana pasada fue la última clase de mis Diplomados para Médicos Generales 2016, unos cursos que tomo cada año para poner al día mis conocimientos, pues en esta profesión, actualizarse realmente es asunto de vida o muerte.

En esa última clase se habló de las enfermedades con mayor incidencia entre la población mexicana y como bien sabemos, la diabetes ocupa uno de los primeros lugares. Lo anterior se debe, entre otras cosas, al sobrepeso u obesidad que padecen millones de personas, debido a la mala alimentación y al sedentarismo.

Es lamentable que en un país con tanta riqueza alimentaria, como lo es México, y con una gastronomía de ingredientes tan variados y nutritivos, estemos abrumados por lo que ya prácticamente es una epidemia de sobrepeso. Y no sólo es que hayamos abandonado un poco nuestros guisos tradicionales en favor de la comida rápida de influencia estadounidense, sino que el exceso de trabajo no deja tiempo para preparar los alimentos en casa. De esta forma, el comer “chatarra” ya no es un capricho que nos concedemos de vez en cuando, sino algo de todos los días.

La falta de tiempo también nos ha hecho reincidir en el sedentarismo. Pasamos horas en el tráfico y ya sea que vayamos sentados en el coche, o sentados, de pie o como podamos acomodarnos en el transporte público, la constante es que estamos inmóviles. Buena parte de los empleos consisten en pasar varias horas más sentado, o de pie, en el lugar de trabajo. Y al final de la jornada, el camino de vuelta a casa es, más o menos, igual de inactivo.

Pero si bien es comprensible que nuestro actual ritmo de vida nos lleve a desarrollar dinámicas muy poco saludables, con esto no quiero decir que los malos hábitos sean inevitables y que la prevención de las enfermedades sea imposible. Todo lo contrario, con organización y esfuerzo lograremos darnos tiempo para cuidarnos, comer sanamente y ejercitarnos aunque sea un poco.

En esta ocasión quiero referirme específicamente a lo que podemos hacer para cuidar nuestra salud en esta temporada de fiesta. Solemos bromear con la idea de que diciembre es el mes para darle gusto al cuerpo y al paladar en las fiestas de Navidad y Año Nuevo; total, ya en enero nos pondremos a dieta.

Sin embargo, no cuesta mucho el mantener los buenos hábitos durante el mes, sin dejar de darnos un gusto en los días festivos. Así la cuesta de enero no será tan difícil, por lo menos en lo que a la nutrición se refiere.

Aquí algunos consejos:

  • No abandones tu rutina de ejercicios y si no tienes una, aprovecha los días en que el trabajo se aligera para empezarla. Sí, salir a correr o a caminar en un día invernal no es lo que más se antoja, pero haz un esfuerzo; una vez que te acostumbres, no sentirás tanto el frío.
  • Lleva una dieta balanceada; incrementa el consumo de frutas y verduras con vitamina C y modérate con las grasas y azúcares al cocinar para las fiestas.
  • Balancea tus comidas del día; si sabes que en la comida o cena comerás más grasas o dulces de lo normal (lo cual sucede, sobre todo, cuando no eres tú quien prepara la comida), desayuna o almuerza con moderación. Y cuidado con la idea de no desayunar o comer, para darte un atracón durante las fiestas. Esto sólo provocará que comas en exceso, especialmente lo que se debe moderar (grasas, carbohidratos y azúcares). Mejor consume refrigerios ligeros, ricos en vitaminas, proteínas y fibra. Así no morirás de hambre y disfrutarás de la fiesta con moderación.
  • Modérate también con el consumo de alcohol. Ya sabemos que en estas fechas se incrementan los accidentes causados por conducir en estado de ebriedad. Pero ésta no es la única forma en que abusar del alcohol puede perjudicar tu salud. Entre otras cosas, el exceso de alcohol puede provocar obesidad, debido al exceso de azúcares.

Esta idea de que “todo lo que afecta al cuerpo repercute a la mente” lo han tenido más que claro las antiguas civilizaciones orientales.

De ahí que la práctica de la meditación y el desarrollo de diversas técnicas provengan de estas culturas milenarias.

Tal es el caso de la filosofía, el arte, la metodología o la práctica del yoga. Para algunos es un arte para otros una técnica… en mi caso yo lo veo como una filosofía de vida.

Esto lo menciono porque el yoga no es solo el realizar técnicas extrañas o el hecho de hacer algún “deporte”, es toda una serie de pasos que te ayudan a trabajar con tu mente, cuerpo y espíritu.

En nuestro días al yoga ya se le ve de una forma diferente, incluso por la más moderna ciencia psicosomática porque tiene la gran facultad de realizar conexiones que existen en nuestro cuerpo junto con la mente y que se encuentran “apagadas”.

Estas conexiones son muy estrechas y de acuerdo al tipo de estímulo, es la reacción; por ello repito que “… todo aquello que afecta al cuerpo repercute en la mente ” y afecta también de forma inversa: “… todo aquello que altera la mente afecta al cuerpo”.

Es interesante observar que cuando de salud se trata, una de las recomendaciones que se hacen, ya sea de forma correctiva o preventiva es la de practicar un deporte por lo menos 30 minutos al día.

Entre las recomendaciones más usuales es la de caminar y es magnifica la recomendación, los seres humanos somos seres de movimiento y entre nuestras facultades es la de caminar, por lo tanto hay que hacer uso de esta facultad.

Ahora bien, si decides incluir en tu rutina la práctica del yoga entonces estarás incluyendo toda una ciencia de salud integral milenaria porque procura el bienestar real del cuerpo, la mente; el comportamiento que caracteriza a la verdadera salud, que en definitiva no es sólo ausencia de enfermedad.

Por lo anterior, no es raro ni suena petulante decir que el yoga es considerado desde la antigüedad como la primera “medicina” natural del mundo.

Al realizar su práctica de forma constante, respetando tu cuerpo y sus tiempos estarás aportando a tu salud recursos preventivos, terapéuticos y recuperativos.

En el tema de la elevación espiritual, debemos decir que nada tiene que ver con temas religiosos, cada prácticamente es libre de creer lo que quiera y se respetan sus creencias.

En cambio lo que han buscado los yoguis es conectar la mente con el cuerpo canalizando de la mejor forma las energías y funciones para que trabajen de forma armónica a esto es lo que llaman “elevación espiritual”.

Cuando recién llegué a mi nuevo centro de Yoga en Polanco y ví en la clase a personas que llevan ya un buen camino recorrido, observé cómo logran llevar su cuerpo a posiciones que en esos momentos para mí resultaron complejas.

Y eso es justamente lo que hace del yoga un arte, porque no se busca brindarle culto al cuerpo para que realice “acrobacias o contorsiones”.

Lo que se busca con la práctica constante es el trabajar minuciosamente para desplegar las potencias más reveladoras de la mente apoyándose del cuerpo, por lo que al final, cada postura se convierte sustancialmente en una práctica de yoga mental.

Ahora bien, si por alguna razón no has encontrado el tiempo para realizar ejercicio o no has considerado implementarlo en tu vida, solo lee el siguiente dato: “… cerca del 70% de los trastornos que padecemos son de carácter psicosomático”.

¿Observas la importancia de moverte? Cuando se comprende que el realizar ejercicio junto con el cuidado de la mente buscando reeducarlos con buenas conexiones en ambos sentidos obtenemos una vida equilibrada y eso es justamente el objetivo del yoga. ¿Te animas a practicarlo?