La ansiedad y sus diferentes manifestaciones

Hace unos días me reuní con unos compañeros de la carrera de medicina, para compartir nuestras técnicas de estudio, pues nos encontramos en la etapa de estudiar más que nunca y definir cómo pasar el ENARM (el Examen Nacional de Residencias Médicas, que nos permitirá cursar alguna especialidad).

Después de repasar e intercambiar nuestros apuntes y fichas de trabajo, platicamos acerca de algunos casos que nos ha tocado ver en el servicio social. Uno de los compañeros mencionó el de una señora que llegó a urgencias, acompañada por una persona que le brindó auxilio en la calle (de esas que ya casi no se ven).

Ambos pensaban que la señora estaba a punto de sufrir un infarto, pues tenía palpitaciones y dificultades para respirar. Pero luego de la revisión, se determinó que la paciente no tenía ningún problema de índole fisiológica, sino que estaba sufriendo un ataque de ansiedad.

Aunque mi especialidad no será la psiquiatría, creo que tanto los médicos como los pacientes debemos estar preparados para identificar los trastornos que afectan las emociones y el sistema nervioso, pues tales ámbitos son tan importantes como el físico para gozar de una salud integral y, de no atenderse, sí pueden causar problemas como los cardiovasculares.

Otra razón por la que es importante informarse acerca de trastornos como la ansiedad es para comprender y dar el tratamiento adecuado a las personas que los padecen. Quienes no los hemos vivido, podemos caer en el error de pensar que todo se resuelve con un “Tranquilízate” o “No te preocupes”. Pero la ansiedad es distinta de la preocupación o el estrés que todos llegamos a sentir ante algunas situaciones, como los problemas laborales, el caos citadino, los conflictos familiares o la enfermedad.

En tales casos es inevitable preocuparse, pero la mayoría de las personas logran sobreponerse y hacer lo posible por encontrar soluciones. Además de que cuando pasa el conflicto, el estado de alarma también desaparece. Las personas con algún trastorno de ansiedad pueden sentir preocupación, nerviosismo, inquietud o tristeza extremos, aunque aparentemente no exista nada que pudiera ser motivo de estrés. No obstante, situaciones y fenómenos cotidianos (como la interacción social, el ruido, o la cercanía de ciertos animales u objetos) bastan para desencadenar esos elevados niveles de estrés.

De hecho, no todos los trastornos de ansiedad son iguales y también es importante aprender a distinguirlos, para dar el tratamiento adecuado.

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Trastorno de ansiedad general (TAG)

Es el tipo de ansiedad más común y se define como una forma de angustia persistente. Lo anterior significa que la persona desarrolla pensamientos alarmantes o preocupantes y no es capaz de tranquilizarse, aunque sepa que la situación está controlada o ni siquiera ha sucedido. Se considera que el estado de angustia es persistente cuando se padece durante al menos la mitad de los días de la semana, por un periodo mayor a seis meses.

Fobia social o específica

La fobia se define como un temor irracional ante ciertas situaciones que normalmente no constituirían una amenaza. En el caso de la fobia social, la persona puede manifestar desde nerviosismo intenso hasta malestares físicos ante cualquier forma de interacción social. Las fobias específicas son los temores a determinados objetos, fenómenos o situaciones, como ver sangre, volar en avión o estar en sitios cerrados.

Cabe señalar que no se trata de la preocupación que todos podemos sentir por cometer un error al hablar en público o porque se pueda tener algún imprevisto durante un viaje en avión. Cuando sólo es preocupación, la persona puede superarla y continuar con sus actividades, pero si se trata de una fobia, la persona se verá incapacitada para enfrentar aquello que causa su miedo y necesitará un tratamiento especial para poder superarlo.

Trastorno de estrés postraumático (TEP)

El término adquirió una triste popularidad en relación con acontecimientos como las guerras en Afganistán e Irak, o el 11 de septiembre. Las personas que sobreviven a situaciones catastróficas, como una guerra, un atentado o un desastre natural, pueden tener síntomas de ansiedad causados por el estrés del evento, pero que no pueden controlarse aunque éste haya pasado.

Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)

Una compulsión es la repetición de una rutina o actividad sin un sentido aparente. Por lo general se detona ante pensamientos o dudas obsesivos, es decir, que nos inquietan constantemente, aunque sepamos que ya se han resuelto. El típico ejemplo es el de la persona que cierra con llave la puerta de su casa y después de caminar unos pasos, se pregunta si realmente la dejó cerrada; en un caso de trastorno obsesivo compulsivo, la duda será tan intensa, que la persona se verá obligada a volver y comprobar que efectivamente cerró e incluso caerá en la rutina de revisar un determinado número de veces, para calmar la duda.

Trastorno de pánico (TD)

También conocido como “ataque de pánico”. Es una forma de ansiedad menos frecuente, pero sus síntomas son los más intensos. La persona tiene sensaciones que la llevan a pensar que se encuentra en grave peligro o incluso que va a morir; entre los síntomas pueden estar taquicardia y dificultad para respirar. El ataque puede durar de diez minutos a media hora.

Si has experimentado estos síntomas o conoces a alguien que los haya tenido, acude a consulta médica. La fuerza de voluntad, el optimismo y el apoyo de los seres queridos pueden ayudar, pero en casos como los que mencionamos, el apoyo profesional es indispensable.

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