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El pasado 14 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de la Diabetes. La fecha fue establecida por la Organización Mundial de la Salud en 1991 y coincide con el natalicio de Frederick Banting, el investigador y Premio Nobel de Medicina que descubrió la hormona de la insulina.

Como sucede con otras fechas especiales, relacionadas con temas médicos, el objetivo de instaurar un Día Mundial de la Diabetes es concientizar a toda la población acerca de las causas y los efectos de esta grave enfermedad, así como de la posibilidad de prevenirla, con ayuda de la buena alimentación y el ejercicio diario.

En países como México, la diabetes ya es considerada una epidemia, pues afecta a un alto porcentaje de la población. Lo peor es que muchas personas ni siquiera saben que la padecen, pues en sus etapas tempranas, la diabetes no produce síntomas evidentes. Sólo hasta que se presentan condiciones más severas, como problemas circulatorios o la necesidad de practicar una operación de cataratas, es cuando los pacientes descubren que la enfermedad que los alertó es, en realidad, una complicación de la diabetes.

Mantener un peso saludable, llevar una dieta balanceada y practicar al menos 30 minutos diarios del ejercicio que se prefiera, son las claves para prevenir la diabetes. A ello deben sumarse las revisiones médicas de carácter preventivo, especialmente si se tienen antecedentes familiares de esta enfermedad.

También hay que estar atentos a las señales que brinda nuestro cuerpo. Si bien, como ya mencionamos, la diabetes no causa grandes molestias en sus primeras etapas, existen algunas señales que pueden alertarnos.

Si tienes alguno o varios de los siguientes síntomas, no te alarmes pensando que ya padeces diabetes, pero sí acude con tu médico para que juntos determinen las causas, descarten ésa u otras enfermedades y definan un plan de tratamiento, en caso necesario.

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Necesidad frecuente de orinar

Ante el exceso de azúcar en la sangre que provocan algunos tipos de diabetes, el organismo busca medios para eliminarlo. Uno de ellos es la orina. Las personas con diabetes pueden notar un incremento en la frecuencia con la que van al baño e incluso es posible que necesiten hacerlo varias veces durante la noche.

Sed excesiva

Es un síntoma relacionado con el anterior. Al perder líquidos a través de la orina, el cuerpo se deshidrata y envía la señal de la sed para recuperarse. Si sientes más sed de lo normal, aun cuando no hayas incrementado tu actividad física, es importante comentarlo con el médico.

Sensación de fatiga durante todo el día

El organismo hace un gran esfuerzo en su intento por combatir el exceso de azúcar. Por tanto, las personas con diabetes pueden sentirse fatigadas aunque no estén más activas de lo normal y a pesar de dormir bien por las noches.

Dificultad para cicatrizar las heridas

Aunque la glucosa es uno de los componentes principales de las células, cuando hay deficiencias de insulina, como en el caso de ciertos tipos de diabetes, la glucosa no se distribuye adecuadamente y los tejidos pueden perder su capacidad de regenerarse. Por ello es que hasta la más pequeña herida puede tardar en sanar y agravarse en una persona con diabetes.

Visión borrosa

Una de las consecuencias más graves de la diabetes es el daño a la retina, que puede provocar ceguera. Pero aun antes de llegar a esa condición tan grave, el exceso de azúcar puede hacer que se presenten problemas en la visión o que se agraven condiciones ya existentes.

Como ya mencionamos, el que se presenten uno o varios de estos síntomas no es una prueba contundente de que se tiene diabetes, pero sí una razón suficiente para ir al médico. La prevención es nuestra mejor arma para combatir una de las enfermedades con mayor índice de mortalidad hoy en día.

Desde que comenzamos a planear la llegada de un hijo, una de las primeras cosas por las que nos preocupamos es la recámara del bebé. Además de la emoción que supone el comenzar a decorar un espacio exclusivo para él o ella, experimentamos también ciertas preocupaciones, pues lo más importante es garantizar que dicho espacio le brinde toda la protección y seguridad que necesita.

Lo anterior puede llevarnos a comprar toda clase de artículos que las tiendas nos presentan como indispensables para el cuarto del bebé, pero que al ponerlos a prueba resultan no ser prácticos ni útiles. En el extremo opuesto, hay quienes contienen sus planes más creativos, por temor a que las pinturas, materiales o artículos perjudiquen al bebé de alguna forma, y se contentan con un estilo minimalista, que a veces puede resultar un tanto frío.

Para que disfrutes de crear el ambiente que has soñado en el cuarto de tus hijos, sin saturarlo ni gastar en exceso, te presentamos nuestras recomendaciones para una recámara ideal, según la edad de los pequeños.

Recién nacidos

Al preparar la llegada del bebé a casa y durante los primeros meses, sí que conviene implementar un estilo minimalista, aunque sin prescindir por completo los detalles. Por minimalista, nos referimos a incluir únicamente los muebles y accesorios necesarios, como son la cuna, el armario para la ropa, una mesa para cambiar y vestir al bebé, un sillón cómodo, para que mamá o papá se sienten a cuidarlo, y un móvil, por ejemplo, para estimular sus sentidos.

No es recomendable colocar demasiados adornos y juguetes, porque además de que el bebé no podrá apreciarlos demasiado, acumularán polvo, que puede propiciar alergias. En lo que sí puedes esmerarte es en el decorado de las paredes, ya sea pintando algún paisaje o colocando cenefas decorativas. Sólo cuida que las pinturas estén libres de plomo y sustancias tóxicas y que todo quede listo de preferencia dos meses antes de la llegada del bebé, para que esté completamente seco y libre de olores.

Recuerda también que todos los accesorios que vayan a estar en contacto con el bebé, como sábanas, colchones, mantas y, por supuesto, su ropita, deben ser de telas naturales e hipoalergénicas.

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Bebés de seis meses a dos años

Cuando los bebés comienzan a desarrollar e incrementar sus capacidades motrices –desde que comienzan a enderezarse hasta que gatean y dan sus primeros pasos-, es fundamental implementar medidas de seguridad. Esto va desde subir o cambiar los barandales de la cuna, hasta colocar protectores en todos los enchufes (tanto de la recámara del bebé como de toda la casa, pues no sabes hasta dónde podría llegar). También hay que cuidar que objetos pequeños, que pueda llevarse a la boca, estén fuera de su alcance.

En cuanto a muebles y accesorios, lo más conveniente es proporcionarle juguetes adecuados y seguros para su edad, que le ayuden a desarrollar sus sentidos y habilidades. También puedes pensar en un “corralito”, para que esté seguro y entretenido.

A partir de los tres años

Conforme tu hijo crezca y desarrolle su independencia, también podrá contribuir a la ambientación y el decorado de su espacio. A partir de los tres años necesitará una cama, un armario más grande para su ropa, una caja para sus juguetes y tal vez un pequeño escritorio y silla para que comience a dibujar. Más adelante puedes colocar un pequeño librero o estantería y lo que a tu hijo se le ocurra para sentirse más cómodo y seguro.

Para que la recámara sea un espacio dedicado al descanso, es conveniente que inculques ciertos hábitos en los niños desde que son pequeños. Por ejemplo, evita que se acostumbren a tener televisión o computadora en la recámara, pues además de que los distraen, dichos aparatos emiten energía aunque estén apagados y se ha demostrado que ésta interfiere con el sueño. Cuida que la iluminación sea suave; también puedes colocar una pequeña lámpara en la mesita de noche. La temperatura de la recámara no debe ser ni muy elevada ni muy baja y preferentemente, la habitación debe estar aislada de ruidos y luces provenientes del exterior.

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Esta idea de que “todo lo que afecta al cuerpo repercute a la mente” lo han tenido más que claro las antiguas civilizaciones orientales.

De ahí que la práctica de la meditación y el desarrollo de diversas técnicas provengan de estas culturas milenarias.

Tal es el caso de la filosofía, el arte, la metodología o la práctica del yoga. Para algunos es un arte para otros una técnica… en mi caso yo lo veo como una filosofía de vida.

Esto lo menciono porque el yoga no es solo el realizar técnicas extrañas o el hecho de hacer algún “deporte”, es toda una serie de pasos que te ayudan a trabajar con tu mente, cuerpo y espíritu.

En nuestro días al yoga ya se le ve de una forma diferente, incluso por la más moderna ciencia psicosomática porque tiene la gran facultad de realizar conexiones que existen en nuestro cuerpo junto con la mente y que se encuentran “apagadas”.

Estas conexiones son muy estrechas y de acuerdo al tipo de estímulo, es la reacción; por ello repito que “… todo aquello que afecta al cuerpo repercute en la mente ” y afecta también de forma inversa: “… todo aquello que altera la mente afecta al cuerpo”.

Es interesante observar que cuando de salud se trata, una de las recomendaciones que se hacen, ya sea de forma correctiva o preventiva es la de practicar un deporte por lo menos 30 minutos al día.

Entre las recomendaciones más usuales es la de caminar y es magnifica la recomendación, los seres humanos somos seres de movimiento y entre nuestras facultades es la de caminar, por lo tanto hay que hacer uso de esta facultad.

Ahora bien, si decides incluir en tu rutina la práctica del yoga entonces estarás incluyendo toda una ciencia de salud integral milenaria porque procura el bienestar real del cuerpo, la mente; el comportamiento que caracteriza a la verdadera salud, que en definitiva no es sólo ausencia de enfermedad.

Por lo anterior, no es raro ni suena petulante decir que el yoga es considerado desde la antigüedad como la primera “medicina” natural del mundo.

Al realizar su práctica de forma constante, respetando tu cuerpo y sus tiempos estarás aportando a tu salud recursos preventivos, terapéuticos y recuperativos.

En el tema de la elevación espiritual, debemos decir que nada tiene que ver con temas religiosos, cada prácticamente es libre de creer lo que quiera y se respetan sus creencias.

En cambio lo que han buscado los yoguis es conectar la mente con el cuerpo canalizando de la mejor forma las energías y funciones para que trabajen de forma armónica a esto es lo que llaman “elevación espiritual”.

Cuando recién llegué a mi nuevo centro de Yoga en Polanco y ví en la clase a personas que llevan ya un buen camino recorrido, observé cómo logran llevar su cuerpo a posiciones que en esos momentos para mí resultaron complejas.

Y eso es justamente lo que hace del yoga un arte, porque no se busca brindarle culto al cuerpo para que realice “acrobacias o contorsiones”.

Lo que se busca con la práctica constante es el trabajar minuciosamente para desplegar las potencias más reveladoras de la mente apoyándose del cuerpo, por lo que al final, cada postura se convierte sustancialmente en una práctica de yoga mental.

Ahora bien, si por alguna razón no has encontrado el tiempo para realizar ejercicio o no has considerado implementarlo en tu vida, solo lee el siguiente dato: “… cerca del 70% de los trastornos que padecemos son de carácter psicosomático”.

¿Observas la importancia de moverte? Cuando se comprende que el realizar ejercicio junto con el cuidado de la mente buscando reeducarlos con buenas conexiones en ambos sentidos obtenemos una vida equilibrada y eso es justamente el objetivo del yoga. ¿Te animas a practicarlo?

Hace unos días me reuní con unos compañeros de la carrera de medicina, para compartir nuestras técnicas de estudio, pues nos encontramos en la etapa de estudiar más que nunca y definir cómo pasar el ENARM (el Examen Nacional de Residencias Médicas, que nos permitirá cursar alguna especialidad).

Después de repasar e intercambiar nuestros apuntes y fichas de trabajo, platicamos acerca de algunos casos que nos ha tocado ver en el servicio social. Uno de los compañeros mencionó el de una señora que llegó a urgencias, acompañada por una persona que le brindó auxilio en la calle (de esas que ya casi no se ven).

Ambos pensaban que la señora estaba a punto de sufrir un infarto, pues tenía palpitaciones y dificultades para respirar. Pero luego de la revisión, se determinó que la paciente no tenía ningún problema de índole fisiológica, sino que estaba sufriendo un ataque de ansiedad.

Aunque mi especialidad no será la psiquiatría, creo que tanto los médicos como los pacientes debemos estar preparados para identificar los trastornos que afectan las emociones y el sistema nervioso, pues tales ámbitos son tan importantes como el físico para gozar de una salud integral y, de no atenderse, sí pueden causar problemas como los cardiovasculares.

Otra razón por la que es importante informarse acerca de trastornos como la ansiedad es para comprender y dar el tratamiento adecuado a las personas que los padecen. Quienes no los hemos vivido, podemos caer en el error de pensar que todo se resuelve con un “Tranquilízate” o “No te preocupes”. Pero la ansiedad es distinta de la preocupación o el estrés que todos llegamos a sentir ante algunas situaciones, como los problemas laborales, el caos citadino, los conflictos familiares o la enfermedad.

En tales casos es inevitable preocuparse, pero la mayoría de las personas logran sobreponerse y hacer lo posible por encontrar soluciones. Además de que cuando pasa el conflicto, el estado de alarma también desaparece. Las personas con algún trastorno de ansiedad pueden sentir preocupación, nerviosismo, inquietud o tristeza extremos, aunque aparentemente no exista nada que pudiera ser motivo de estrés. No obstante, situaciones y fenómenos cotidianos (como la interacción social, el ruido, o la cercanía de ciertos animales u objetos) bastan para desencadenar esos elevados niveles de estrés.

De hecho, no todos los trastornos de ansiedad son iguales y también es importante aprender a distinguirlos, para dar el tratamiento adecuado.

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Trastorno de ansiedad general (TAG)

Es el tipo de ansiedad más común y se define como una forma de angustia persistente. Lo anterior significa que la persona desarrolla pensamientos alarmantes o preocupantes y no es capaz de tranquilizarse, aunque sepa que la situación está controlada o ni siquiera ha sucedido. Se considera que el estado de angustia es persistente cuando se padece durante al menos la mitad de los días de la semana, por un periodo mayor a seis meses.

Fobia social o específica

La fobia se define como un temor irracional ante ciertas situaciones que normalmente no constituirían una amenaza. En el caso de la fobia social, la persona puede manifestar desde nerviosismo intenso hasta malestares físicos ante cualquier forma de interacción social. Las fobias específicas son los temores a determinados objetos, fenómenos o situaciones, como ver sangre, volar en avión o estar en sitios cerrados.

Cabe señalar que no se trata de la preocupación que todos podemos sentir por cometer un error al hablar en público o porque se pueda tener algún imprevisto durante un viaje en avión. Cuando sólo es preocupación, la persona puede superarla y continuar con sus actividades, pero si se trata de una fobia, la persona se verá incapacitada para enfrentar aquello que causa su miedo y necesitará un tratamiento especial para poder superarlo.

Trastorno de estrés postraumático (TEP)

El término adquirió una triste popularidad en relación con acontecimientos como las guerras en Afganistán e Irak, o el 11 de septiembre. Las personas que sobreviven a situaciones catastróficas, como una guerra, un atentado o un desastre natural, pueden tener síntomas de ansiedad causados por el estrés del evento, pero que no pueden controlarse aunque éste haya pasado.

Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)

Una compulsión es la repetición de una rutina o actividad sin un sentido aparente. Por lo general se detona ante pensamientos o dudas obsesivos, es decir, que nos inquietan constantemente, aunque sepamos que ya se han resuelto. El típico ejemplo es el de la persona que cierra con llave la puerta de su casa y después de caminar unos pasos, se pregunta si realmente la dejó cerrada; en un caso de trastorno obsesivo compulsivo, la duda será tan intensa, que la persona se verá obligada a volver y comprobar que efectivamente cerró e incluso caerá en la rutina de revisar un determinado número de veces, para calmar la duda.

Trastorno de pánico (TD)

También conocido como “ataque de pánico”. Es una forma de ansiedad menos frecuente, pero sus síntomas son los más intensos. La persona tiene sensaciones que la llevan a pensar que se encuentra en grave peligro o incluso que va a morir; entre los síntomas pueden estar taquicardia y dificultad para respirar. El ataque puede durar de diez minutos a media hora.

Si has experimentado estos síntomas o conoces a alguien que los haya tenido, acude a consulta médica. La fuerza de voluntad, el optimismo y el apoyo de los seres queridos pueden ayudar, pero en casos como los que mencionamos, el apoyo profesional es indispensable.

Hace unos días leí la noticia de una familia que enfrenta una costosa demanda, porque su hijo “arruinó” el bolso de una señora. No es que el pequeño entrara en una racha de vandalismo, sino que viajaba con su familia en avión y, como les sucede a muchas personas, de todas las edades, comenzó a sentirse mal y vomitó… sí, justo en el costosísimo bolso de la señora que iba a su lado.

Creo que ante situaciones como estas hay que mostrar un poco de comprensión, además de no elegir las mejores galas para subirse al avión; pues, reitero, algo así podría pasarle a cualquiera. No obstante, para que tú y tu familia no se vean en predicamentos semejantes la próxima vez que tomen un vuelo VivaAerobus, Interjet o de la aerolínea que prefieran, te presentamos algunas recomendaciones para cuidar la salud de tus hijos al viajar.

Vigila su alimentación en los días previos al viaje

Sabemos que cuidas la alimentación de tus hijos en todo momento y siempre les das lo más saludable. Sin embargo, en los días previos a un viaje, hay que evitar los alimentos que pudieran ser irritantes o alterar su digestión. Si sabes que una comida en especial no suele caerles muy bien, olvídate de prepararla en esa temporada. De hecho, la recomendación puede extenderse a toda la familia. Recuerda que el prospecto de viajar causa emoción y también un poco de estrés, lo cual nos hace propensos a enfermedades como las estomacales.

Refuerza su sistema inmunológico

Las enfermedades de las vías respiratorias también son comunes durante un viaje. Algunas personas son muy sensibles al aire acondicionado de los aviones o autobuses, además de que las cabinas crean el ambiente perfecto para que circulen los virus. Consulta con el pediatra y pregunta qué vitaminas puedes darles a tus hijos para reforzar su sistema inmunológico. Otra buena idea es incrementar la cantidad de frutas y verduras en su dieta.

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Si lo consideras necesario, llévalos a una revisión médica

Si tus hijos se enferman cada vez que salen de viaje o tienen alguna condición médica, lo mejor será llevarlos a una consulta general antes de salir. En caso de que requieran algún medicamento, asegúrate de obtener y surtir su receta, y lleva el documento contigo, ya que en algunos controles de seguridad podrían requerirla para dejarte pasar los medicamentos.

Prepara un botiquín de viaje

Hay medicamentos que puedes llevar sin problemas, siempre y cuando sea en pequeñas cantidades. Entre ellos están los analgésicos y desinflamatorios más comunes, antidiarreicos y pastillas para el mareo. Inclúyelos en tu botiquín de viaje y guarda también una botellita con gel desinfectante, un poco de gasa o banditas adhesivas.

Adquiere un seguro de viaje

Además de los malestares más comunes, que puedes prevenir o calmar con facilidad, está la posibilidad de que durante el viaje se presente algún problema grave o un accidente. Estos imprevistos pueden costarte mucho más de lo que invertiste en tus vacaciones e incluso más de lo que puedes pagar, especialmente si estás en el extranjero. Para evitar mayores daños, adquiere un seguro de viajero. Hay pólizas especiales para familias; sólo revisa cuidadosamente la cobertura y lo que necesitas hacer para solicitar atención médica en caso necesario.

En el sector salud se requiere de muchos tipos de análisis, en los que se basan los médicos para determinar o rechazar una afección.

Existen diversos tipos de análisis clínicos que apoyan los diagnósticos, desde el tacto, muestras corporales como sangre, orina, excremento, saliva o biopsias, hasta llegar a estudios mucho más complejos, que utilizan complejas máquinas para su análisis.

Entre los análisis clínicos que han tenido un gran avance y son de uso frecuente para identificar ciertos padecimientos, se encuentran la resonancia magnética y la tomografía.

Ambas obtienen una imagen interna de nuestro cuerpo; sin embargo, utilizan técnicas diferentes para su obtención.

Esto implica también que tienen ciertas ventajas y desventajas entre sí, por ello es importante que solo el especialista sea quien tome la decisión de mandar hacer un estudio y sea también un especialista quien lo realice.

Veamos las diferencias entre ambas técnicas:

En una tomografía, la cual es computarizada, se utilizan Rayos X y su uso se orienta para detectar calcificaciones, tumores meníngeos y cierto tipo de hemorragias.

En general, estos aparatos tienen una menor resolución espacial y el proceso de exposición para el estudio es mucho menor, haciendo que el paciente esté menos expuesto a los rayos.

Con respecto a una resonancia magnética, su proceso se basa en el uso de campos magnéticos y ondas de radio.

Esto requiere un poco más de tiempo, por lo que el paciente necesita mantener una posición horizontal, de 30 minutos a una hora.

columnatotal2Este método tiene una mayor resolución espacial, por lo que es ideal para los estudios neurorradiológicos, que encabezan la lista del mayor porcentaje de pacientes a quienes se les solicita una resonancia magnética.

Le siguen en frecuencia de uso los estudios musculo-esqueléticos, debido a que permite valorar con gran nitidez la musculatura, articulaciones y tendones.

Lo anterior es precisamente porque esta técnica permite distinguir entre la materia gris y la blanca.

Esta técnica es una de las más inocuas y modernas, ya que como notaste, la resonancia magnética no utiliza rayos X ni elementos radiactivos, por lo que no tiene efectos nocivos para el cuerpo.

Lo que sí es importante destacar es que cuando un paciente se somete a un estudio de resonancia magnética, debe ser inspeccionado por el personal calificado, ya que no debe llevar ningún objeto metálico, como marcapasos, prótesis metálicas, reloj, gafas, etcétera.

Esto es sencillo de comprender, ya que los objetos metálicos pueden interferir con el potente imán utilizado por esta máquina.

Ahora bien, uno de los grandes inconvenientes de esta técnica es cuando el paciente presenta síntomas de claustrofobia o ansiedad, por lo que es importante decirlo previamente al personal que los apoya y a los técnicos para su debida atención.

Pues bien, ahí tienes las diferencias sustanciales entre estas dos técnicas de diagnóstico, que al final lo que nos entregan es una radiografía interna de nuestro cuerpo.